English Português Français Español



miércoles, 1 de junio de 2011

Certo dia numa roda...


Creo que no hay nadie aquí con autoridad para decir y definir lo que es Capoeira, pues, como todo en la vida es una experiencia, una perspectiva subjetiva. Pero creo aún que más que eso: es una perspectiva compartida. Compartida con muchos y muchas que deciden ser y estar con la Capoeira. Compartida con una comunidad, con una identidad compleja que esta más allá de la temporalidad física que logramos comprender y a la que estamos acostumbrados. 
Y, como en toda comunidad, es necesario que se tengan procesos no solo de auto-identificación, pero también que uno sea reconocido como parte. Pertenecer es la clave para la identidad, la clave para acceder a todo un mundo de conocimiento compartido que se ha construido bajo mucha resistencia y un peso cultural fortísimo. Es evidente que cuando uno se dice un grupo de esto o de aquello ya está, ya es, pero estoy segura que esto o aquello no deben (en el caso de un conocimiento ancestral que se remite a rituales y fuerzas que no están siempre en evidencia) ser solamente una excusa o un pretexto para que unos se digan grupo. En grupos siempre estamos y siempre vamos a estar por otros motivos que todavía se presentarán. 
Pero yo creo que con la Capoeira (y con las herencias culturales en general) pasa una cosa muy fuerte que es distinta y va más allá de todo y cualquiera de dicho grupo. La Capoeira ya está, ya es, está allí para ser accedida. Y quien accede a la Capoeira? Y cómo se accede? No lo sé. Pero estoy segura que allí está el hecho de "aprender y enseñar la Capoeira de Angola". Está en la conciencia de que las cosas que se proponen acceder deben ser siempre muy respetadas, cuidadas. Hay que tener una preparación para accederlas. No creo que haya que saberlo todo, pues son pocos los Mestres que dimensionan todo lo que uno mueve con una "simple" rueda de Capoeira. 
Lo fundamental es tener conciencia. De que se está lidiando con muchas, pero muchas cosas. Si no hay un mínimo de esta conciencia lo que pasa es que no hay fuerza, no se accede a nada, no hay evocación de la ancestralidad, el cuerpo reproduce uno u otro movimiento, se escucha uno u otro sonido, pero la Capoeira, menina y mandingueira, pasa lejos de eso... La cosa se convierte en un simple teatro y reproducción que se podría llamar cualquier cosa... pero que en verdad no contiene nada. Está vacía de sentido, pasa lejos de llamarse Capoeira por el simple hecho de que no se comunica con esta práctica de acceder a una ancestralidad que se reproduce en movimientos, juego, música y danza. Tener esta conciencia de conexión entre corporalidad y ancestralidad es un mínimo, pues reproducciones falsas e imitaciones alienantes y no-conscientes son lo que más llena - infelizmente - este nuestro mundo. 
Lo que quisiera compartir con ustedes -es esta mi impresión, que también hace parte de mi pequeña historia y carrera con la Capoeira – es que esta tiene mucho que ver con un desarrollo personal en muchos aspectos vinculados a todo el ambiente y mundo que la Capoeira trae, como la religiosidad (fundamental), la música, el baile, las rodas mismas y todo lo que se refiere a hechos culturales que representan mucho más que sólo el nombre que llevan. Es decir (y eso siempre pensando en el poder que la Capoeira tiene en consolidar fuerzas y ancestralidad), - uy ¡¡qué ejercicio más duro buscar estas palabras!! - lo que parece tener sencillez, trae en su centro una complejidad que sí se puede acceder, o quizás nunca. Así, la samba es sólo moverse, claro, pero nunca es "sólo" moverse. La rueda es "sólo" ponerse en un círculo con música, pero nunca es sólo eso (ruedas en general, de lo que sea). O es o no es. Sim, sim, sim, não, não, não. Es claro pero nunca lo es. 
Les digo esto a raíz de cierta roda que presencié el otro día en la que sólo sentí y vi equívocos. Primero porque hacer una rueda de Angola en un sitio público es un desafío muy grande. Puede ser la plaza en la casa de uno, puede que se sientan a gusto, pero hay muchas más cosas allí - y tengo que decirles - cosas mucho mas fuertes que la Capoeira que allí proponen hacer. La rueda contiene la energía de las personas, es cierto, pero: ¡quien propone la rueda y quienes la sostienen tienen que saber hacerlo! Otra cosa bien distinta es una rueda de entreno, privada, ahí cada cual hace lo que quiera.
Una rueda se convierte en esto o aquello no sólo porque uno u otro hagan este o aquel movimiento. La rueda se convierte en la condensación de energías presentes y en la comunicación y diálogos entre ellas. Y por eso es tan importante saber que se está lidiando con estas cosas. Una persona que se propone tocar un atabaque tiene que saber las cosas que está evocando, llamando. Y si no las sabe, uno se cae. Y cae mal. Lleva rastrera de estas fuerzas que están por allí. Es exactamente uno de los que considero como más importantes dichos de la Capoeira: “quem não pode com mandinga, não carrega patuá". Y es muy irrespetuoso para alguien que entiende las consecuencias de una mandinga mal hecha ver a otros con tantos patuás colgados de su cuerpo, mal manipulando energías e irrespetándolas, mal aludiendo a orixás - no porque sea de verdad la intención de uno, sino porque lo hacen con inconsecuencia, incoherencia e ignorancia. Simple ignorancia a personas, contenidos, herencias y sabidurías. Y aquí vuelvo al tema de la comunidad, nuevamente. Como la Capoeira es esta gran comunidad vinculada a una identidad que esta más allá de una u otra práctica corporal, musical, es posible decir que un mal hecho de esta tradición se devuelve a la Capoeira misma. Y esta también responde. Responde en estos espacio-tiempos como los de aquella roda que estoy recordando. 
La rueda de Capoeira - digo rueda, el ritual, no me refiero a ningún juguete ni a entrenamientos libres o gimnásticos - contiene muchos sentidos y cosas que uno nunca podrá prever. Lo que allí pasó fue una rueda con una mezcla de conciencias sobre qué significa y qué no significa hacer una rueda (o mejor: de lo que es y no es una rueda). Y lo que allí hubo fue una rueda de Capoeira. Yo puedo decir que he estado en una rueda de Capoeira en Sevilla. Y les digo que el motivo para que fuera rueda ha sido exactamente el encuentro de energías. Pudiera ser de dos grupos de amigos en el bar. Pudiera ser de unos chicos haciendo mala música en una plaza. Pudiera ser de unos amigos a los que gusta encontrarse un par de veces por semana y lo hacen por allí mismo. Pudiera también ser solo una presentación de alguna cosa que motiva una sonrisa a unos niños. Pero lo que se vio fue una rueda. Cerrada, con mucha energía, con comienzo, medio y fin, respetando - incluso - el momento en el que el berimbau pidió que la rueda terminara. Y fue eso, "solo eso" y todo eso. Una rueda de Capoeira que fue posible gracias a todos estos elementos.
La rueda es ese ritual, punto de encuentro y desarrollo de potencialidades que la mayor parte del tiempo se quedan escondidas dentro de uno. Es la rueda la que tiene su poder de llamar y desarrollar estas potencialidades. Lo que llamamos jogo bonito, aquel que toca a uno. Por eso tened siempre muchísimo respeto y cuidado con la rueda. Ella por sí sola tiene toda su vida y fuerzas propias.

Termino diciéndoles que esta no es una versión o mi versión de uno u otro caso, de uno u otro hecho, tampoco esta es una versión de "mi Capoeira" (no creo en eso... para mi, decir la mía o la tuya es una excusa para el no diálogo, el no entendimiento de lo que la Capoeira propone - para a partir de uno conectarlo con una herencia y una esencia viva) también porque nadie puede con toda seguridad del mundo decir "ah, si, esta es mi Capoeira!" (no se escucha a los Mestres diciendo este tipo de cosas). Y también no quiero dejar ninguna impresión de que yo sepa alguna cosa, soy, como siempre digo, súper niña con la Capoeira, apenas estoy comenzando a acceder a su mundo y eso es muy precioso y difícil. Por eso me vinieron estas ganas de dejar estas palabras. Porque uno tiene suerte cuando puede sentir que fue llamado e invitado a compartir impresiones sobre las fuertes raíces que sostienen toda una práctica cultural, visión del mundo y propuesta de vida. 
Abrazos, Marcele.
Marcele Guerra. São Paulo, Brasil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares